A finales de 2017, el diseñador industrial Peter Martins von Zweigbergk recibió una llamada que marcaría el inicio de una larga alianza con la recién fundada startup Phelcom Technologies.
Del otro lado de la línea estaba el CEO y cofundador de Phelcom, José Augusto Stuchi, invitándolo a colaborar en el desarrollo de un nuevo producto. Von Zweigbergk ya conocía a Stuchi y a los otros dos cofundadores, Diego Lencione y Flávio Pascoal Vieira, de experiencias profesionales anteriores.
“Dos cosas me motivaron a aceptar la invitación: mi interés por las startups y el hecho de que el producto era sumamente interesante: un retinógrafo portátil capaz de capturar imágenes de alta calidad en pocos minutos y sin necesidad de dilatación pupilar”, recuerda. Además, su afinidad con el área médica reforzó su decisión. “Es un sector que exige responsabilidad, pero también ofrece la oportunidad de generar un impacto real”.
Antes de cualquier esbozo o ajuste técnico, el diseñador propuso un workshop estratégico. El objetivo era comprender no solo el estado del prototipo existente, sino también la visión de futuro de la empresa.
Von Zweigbergk cuestionó el posicionamiento, la estrategia e incluso el nombre del producto, que era otro en aquel momento. “Si vamos a construir una marca fuerte, necesitamos pensar en esto ahora”. A partir de esas discusiones surgió el nombre Eyer, consolidando no solo un producto, sino una identidad.
Según él, aquel momento fue decisivo para transformar un prototipo prometedor en un producto preparado para el mercado. La tecnología ya era reconocida por la calidad de sus imágenes, pero existía la percepción de que el equipo necesitaba evolucionar en acabado, posicionamiento y coherencia de marca.
Del concepto al producto: los entretelones del diseño del Eyer
Contratado para liderar el diseño del producto, Von Zweigbergk sabía que el desafío iba mucho más allá de la estética. Era necesario considerar la funcionalidad, la ergonomía, la integración al ecosistema tecnológico y, principalmente, la experiencia de uso.
Tras el workshop estratégico inicial, el equipo le solicitó presentar propuestas de concepto. Fue en ese momento cuando surgió la idea de una arquitectura inspirada en el uso del propio smartphone, con un agarre más integrado e intuitivo. La propuesta rompía con los modelos tradicionales de retinógrafos y apostaba por una forma de manejo más alineada con la realidad del usuario.
Los primeros conceptos se llevaron a pruebas en hospitales. “Al principio, a la gente le resultó extraño. Un retinógrafo que se sostenía como un celular era algo nuevo. Pero precisamente por eso fuimos a probarlo: queríamos evaluar si era cómodo, si el profesional lograba sostenerlo con firmeza, presionar el botón con el pulgar y capturar la imagen con estabilidad”, recuerda.
El ritmo de desarrollo fue intenso. El workshop se realizó a principios de diciembre y los primeros prototipos estuvieron listos a finales de enero. En los meses siguientes, el equipo se dedicó al refinamiento del concepto y al detalle mecánico y electrónico.

Primeros prototipos del retinógrafo portátil Eyer.
Entre los desafíos técnicos más relevantes estaba el tema de la batería. El primer prototipo dependía de una batería interna extra, lo que podría generar limitaciones logísticas, especialmente para equipos almacenados por largos períodos. La solución surgió, en parte, con la adopción de una tecnología que comenzaba a popularizarse en ese momento: el estándar USB-C.
La cuestión, de ahí en adelante, pasó a ser cómo cargar la batería del celular mediante el sistema electrónico de Phelcom. Al observar el funcionamiento de un accesorio de su laptop, Von Zweigbergk se dio cuenta de que podía adoptar una tecnología similar para la transferencia de energía. “Envié información sobre el producto a Flávio [Flávio Pascoal Vieira, COO y cofundador de Phelcom], quien estudió e implementó la solución que permitió eliminar la batería extra”. La incorporación de esta tecnología posibilitó un diseño más eficiente y alineado con las tendencias de la época.
Otro punto crítico fue la ergonomía. Era fundamental garantizar estabilidad en la captura de las imágenes, incluso con un manejo similar al de un smartphone. El formato, el peso y el equilibrio del equipo fueron cuidadosamente estudiados para reducir temblores y brindar mayor comodidad durante el uso prolongado.
Del equilibrio a la innovación: los desafíos del diseño del Eyer2
Si en el Eyer el enfoque estaba en consolidar una arquitectura innovadora e intuitiva, el desarrollo del Eyer2 trajo un nuevo conjunto de desafíos, muchos de ellos relacionados con la propia evolución de los smartphones y los cambios en el comportamiento del mercado.
Según Von Zweigbergk, una de las cuestiones más marcadas fue la necesidad de romper con la simetría del modelo anterior, que hacía que el producto fuera naturalmente equilibrado. El Eyer tenía la óptica centralizada, lo que facilitaba el uso con ambas manos. Sin embargo, los fabricantes de smartphones comenzaron a alterar el posicionamiento de las cámaras, desplazándolas hacia las esquinas superiores de los dispositivos.
La asimetría, en diseño, suele ser un elemento desafiante. La búsqueda del equilibrio visual generalmente pasa por la simetría, especialmente en equipos médicos. En el Eyer2, fue necesario encontrar soluciones que mantuvieran la armonía estética incluso con una arquitectura menos centralizada. “Al principio, parecía algo difícil de resolver. Luego nos dimos cuenta de que es una cuestión de adaptación. Lo importante era hacerlo de una forma que no causara extrañeza”, relata.
Además del cambio estructural, hubo también una decisión estratégica de lenguaje visual. El Eyer presentaba formas más suaves, orgánicas y redondeadas. En cambio, el Eyer2 asumió una estética más técnica y geométrica, con líneas más definidas. La intención era dejar claro que no se trataba solo de una actualización incremental, sino de una nueva generación de producto.
“Queríamos romper un poco con el lenguaje anterior para mostrar que era un nuevo momento. Optamos por una estética un poco más cuadrada, más técnica. Esto también ayudó a acomodar mejor la asimetría, porque las formas más rectangulares facilitan la alineación y organización de los elementos”.
Otro punto de evolución estuvo en la experiencia de uso. Aunque Von Zweigbergk no actuó directamente en el diseño de la interfaz, participó en las discusiones conceptuales sobre el journey del usuario. Una de las reflexiones se refería a la lógica de operación del equipo.
“Desde el principio, yo me cuestionaba : ¿qué es lo primero que el usuario quiere hacer con el Eyer? Quiere tomar una foto. Yo defendía que fuera posible fotografiar primero y organizar los datos después. A veces el profesional solo quiere testear o evaluar rápidamente y solo después decidir si vale la pena registrar el examen”, resalta.

Primeros prototipos del retinógrafo portátil Eyer2.
La consolidación del Eyer como plataforma internacional
Desde el inicio, el desarrollo del Eyer fue orientado por una directriz clara: crear un producto premium, competitivo a escala global, pero con una inteligencia de proyecto que permitiera ofrecer más valor por un costo más accesible que los competidores tradicionales.
La ambición no se limitaba al mercado nacional. El objetivo era posicionar el producto internacionalmente, compitiendo con grandes jugadores globales. En este contexto, el nivel de exigencia era aún mayor. “Si no eres una empresa de los Estados Unidos, necesitas hacer todo aún mejor para competir de igual a igual”, observa Von Zweigbergk.
Esta visión estratégica influyó directamente en las elecciones de diseño e ingeniería . En el Eyer, el enfoque era claro: ofrecer un retinógrafo portátil de alta calidad, con fácil manejo, conectado al smartphone y preparado para diferentes realidades de atención — desde misiones sociales hasta clínicas especializadas. El diseño privilegia la sencillez, la portabilidad y la rapidez, buscando romper barreras de acceso a la retinografía.
Por su parte, el Eyer2 representó una ampliación de ese concepto. Además de mantener la portabilidad, trajo un enfoque más completo y modular. El sistema pasó a contar con módulos que pueden acoplarse por conexión magnética; basta con aproximarlos para que encajen por imantación. Esta solución hizo que el equipo fuera más adaptable a las diferentes necesidades clínicas.
La batería de 4000 mAh, con autonomía aproximada de hasta 60 exámenes sin recarga, refuerza el compromiso con la productividad y el uso continuo. La ergonomía también evolucionó, acompañando la propuesta de un equipo más versátil, capaz de atender tanto exámenes del segmento posterior como del anterior, con múltiples modos de captura e iluminación.
Mientras que el Eyer fue concebido para democratizar el acceso a la retinografía con inteligencia y portabilidad, el Eyer2 eleva la experiencia diagnóstica al integrar modularidad, rendimiento y fluidez en el flujo de trabajo clínico.
En síntesis, el primer modelo rompió barreras de acceso y simplicidad; el segundo consolidó la plataforma como una solución más integral, sofisticada y alineada con las demandas de la oftalmología contemporánea — una evolución que se refleja directamente en las decisiones de diseño, ergonomía, modularidad y usabilidad.
Una cultura de apertura y excelencia
Von Zweigbergk destaca que el éxito del Eyer y del Eyer2 no se debe solo a decisiones técnicas o estéticas, sino también a la cultura construida desde los primeros años de Phelcom.
Con experiencia en proyectos para diferentes organizaciones, afirma que pocas compañías demuestran, de hecho, apertura para escuchar, revisar caminos e invertir consistentemente en la mejora continua.
Para él, esta postura fue determinante a lo largo de todo el proceso de desarrollo de los productos. La colaboración estrecha con el equipo de ingeniería, el intercambio constante de ideas y la disposición para ajustar rutas siempre que fuese necesario crearon un ambiente verdaderamente propicio para la innovación.
Von Zweigbergk también resalta la complementariedad entre los tres socios fundadores como un diferencial estratégico. Según él, el alineamiento entre competencias técnicas, visión de mercado y gestión fortaleció la toma de decisiones y permitió que el diseño fuera tratado como una parte central de la estrategia — y no solo como una etapa final del desarrollo.
“Fue un gran placer trabajar con el equipo de Phelcom. Existe allí una combinación rara: socios que se complementan y que realmente quieren construir algo sólido y relevante”, afirma.
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